Terrorismo y discapacidad, Los olvidados de la Penca
Written by Nelson Raúl Murillo Murillo
Friday, 02 July 2010 00:00




En la actualidad existe una marcada ausencia e invisibilidad de las personas con discapacidad dentro de los contextos culturales, especialmente en la historia costarricense. Al visibilizar la discapacidad en la historia es de suma importancia mostrar que las personas con discapacidad brindan valiosos aportes a la sociedad y así mismo exponer las diferentes formas de prejuicio e injusticia que esta población han enfrentado.
Esta importancia se refleja especialmente en el caso del atentado de La Penca del 30 de mayo de 1984, uno de los más infames actos terroristas perpetrados contra la prensa en la historia centroamericana. A consecuencia del estallido de la explosión, dejando un saldo de 7 muertos y 21 heridos, entre miembros de la prensa costarricense e internacional.
Los sobrevivientes sufrieron heridas graves, secuelas permanentes y amputaciones que les provocaron discapacidades físicas y mentales. Este año para conmemorar este atentado, el ex presidente de Costa Rica Óscar Arias, decretó el 30 de mayo como el Día Nacional del Periodista. Sin embargo, después de 26 años, este caso continúa en la impunidad. Es fundamental que haya un mayor compromiso con la justicia social en todos los ámbitos, especialmente para las personas que son víctimas de violaciones de los derechos humanos. Para los sobrevivientes, la lucha por la justicia es doble: una lucha por emplazar a los responsables por los años de impunidad y la lucha para el reconocimiento del derecho humano de los sobrevivientes con discapacidad para recibir una rehabilitación y apoyo adecuado.
Uno de los periodistas sobrevivientes Nelson Murillo Murillo, relata a los lectores del Periódico El Portavoz. Los hechos que son descritos a continuación,
Cada día la humanidad es víctima del terrorismo en muchos países, con muy variadas formas de atacar, por lo que las secuelas físicas y emocionales siguen latentes. Mi caso no es la excepción a raíz del impune atentado terrorista de La Penca.
Me tocó vivir el infierno en vida a raíz de la explosión de una poderosa bomba casera en una conferencia de prensa que brindaba el entonces líder guerrillero Edén Pastora, el 30 de mayo de 1984, en la margen nicaragüense del río San Juan, frontera natural entre Costa Rica y Nicaragua. Estuve dos meses entre la vida y la muerte en terapia intensiva del Hospital México. Era la época de la guerra de los “contras” para derrocar la dictadura sandinista, mediante el apoyo militar de Estados Unidos. Literalmente el atentado de La Penca fue mi prueba de fuego en mi labor de reportero. Tenía 24 años de edad, un año de haberme graduado en la Universidad de Costa Rica (UCR) y cuatro meses de trabajar en Notiséis, el extinto noticiero de Canal 6.
Más de un cuarto de siglo después, muchas de las secuelas siguen afectando mi salud e incluso se han complicado con los años, como sordera progresiva, escoleósis crónica, ataques de pánico, depresión, dolor lumbar, pesadillas violentas y muy recurrentes, insomnio, así como inestabilidad anímica, entre otras.
El acortamiento de 4 c.m. de la pierna izquierda, por la fractura del fémur, está latente como el primer día, es responsable de la escoleósis que sufro al punto de caer, en ocasiones, en la desesperación. Ese acortamiento de la pierna izquierda es mi compañero diario, pues cada día cuando me levanto y me baño, al decidir cuál calzado voy a usar, antes de cualquier otra cosa, debo pasar las gruesas plantillas al zapato izquierdo que utilizaré. Pese a esa compensación, la escoleósis se hizo crónica. Así me lo dictaminaron en el Centro Nacional de Rehabilitación (CENARE), donde analizaron mi situación en Junta Médica ante una riesgosa cirugía tendiente a colocar una pieza con un resorte comprimido capaz de recobrar en el tiempo el tamaño normal de la extremidad. Una vez que escuché los riesgos y beneficios de la operación, descarté esa posibilidad, en virtud de la prolongada y riesgosa etapa de recuperación (amenaza de infección del hueso). De ahí que problema ortopédico afecta ahora la cadera izquierda. Hoy me resulta difícil caminar más de 12 minutos sin tomar un descanso, pues el dolor empieza a hacer de las suyas, igual cuando permanezco de pie. No en vano tomo más de diez cápsulas al día para mitigar los males físicos y mentales que me afectan. Tal es la magnitud del problema lumbar, que en el Centro Nacional del Dolor y Cuidados Paliativos (CNDCP), me hicieron tres bloqueos con morfina y lidocaína, que en mucho ayudaron a reducir las molestias en determinados períodos.
Por tratarse de una bomba casera, , los especialistas me han extraído más de 70 esquirlas (restos de la bomba) mediante muchas cirugías reconstructivas efectuadas por el Instituto Nacional de Seguros (INS) y luego por la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Algunas esquirlas son tornillos, clavos, estacas de madera, alambre, arandelas, balines, pedazos de metal deformado de la caja donde fue colocada la bomba, así como residuos de pólvora. Mis rodillas fueron operadas para la extracción de dichas partículas, pero aún conservo esquirlas y marcas de pólvora en esta y otras partes del cuerpo. De ahí mi gran dificultad para hincarme o mantenerme de cuclillas. La sordera parcial y progresiva es otra causa de la vil acción terrorista de La Penca. Actualmente uso audífonos, ya que la última valoración efectuada por la CCSS, este año, indica que la capacidad auditiva del oído izquierdo es de 12%, mientras que el derecho es de un 80%.
Este año inicié sesiones grupales en la Clínica Marcial Rodríguez de Alajuela, dirigidas por el psiquiatra Manuel Pérez. Por todo esto y más considero que, por un principio de justicia, mi situación amerita la reapertura de mi caso en el INS. Este propósito me ha resultado difícil a través de los años, aun cuando se sabe que los beneficios de las pólizas por riesgos laborales no vencen nunca contrario a las de los accidentes de tránsito.
En fin, la eventual reapertura está puesta en las manos de Dios. Obviamente Él dirá la última palabra. Por lo menos cuento con una pensión del régimen IVM de la CCSS, desde diciembre del 2003. Fue aprobada 19 años después del atentado, tras años de múltiples cirugías, fisioterapias, incapacidades y tratamientos psicológicos y psiquiátricos particulares, ya que a mí ninguna institución estatal me brindó terapia emocional desde el inicio de la tragedia. Eso fue después, como tantas otras cosas…
** Nelson Raúl Murillo Murillo /
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